1Laura Victoria García Malacara, 2Alejandra Pérez Nava, 3Bernardo A. Frontana Uribe
El peso total de una persona corresponde a sus tejidos, órganos y sistemas a los cuales se les debe sumar aproximadamente un kilogramo de microorganismos que se encuentran en el intestino, comúnmente conocidos como “microbiota intestinal”. Pero ¿qué es la microbiota intestinal? Se define como microbiota intestinal al conjunto de microorganismos que habitan el tracto del intestino humano, que se conforman por arqueas, bacterias, hongos, helmintos, entre otras. Esta diversidad de microorganismos juega un papel importante en mantener nuestra salud.
Existe una hipótesis definida por Rosenberg que habla de la relación adaptativa y evolutiva entre el coral (Oculina patagónica) y su comunidad microbiana, considerando que se adaptan como un solo organismo, como un todo. En esta simbiosis, la microbiota brinda una resistencia a cualquier infección o alteración tanto biológica como de enfermedad en el ser vivo (agente hospedero). Esta hipótesis se traslada a todos los seres vivos, incluido el ser humano y su microbiota. La teoría centra que la microbiota juega el papel más importante en nuestro cuerpo, ya que crea la resistencia frente a cualquier enfermedad o necesidad adaptativa del agente hospedero. La microbiota intestinal establece un equilibrio en funciones importantes como la respuesta inmune, la digestión y el desarrollo neurológico (Figura 1) (Peluzio et al., 2021).

En el contexto de la respuesta inmune, desde el nacimiento, el sistema inmunológico aprende a reconocer y tolerar antígenos externos. La microbiota ayuda a la producción de mucus intestinal, el cual es considerado la primera línea de defensa contra las bacterias patógenas, mientras beneficia a las bacterias comensales. Estas mismas compiten con patógenos por nutrientes evitando su proliferación y adhesión, creando un “pacto de no agresión” entre la microbiota y el organismo, mientras no exista una invasión patogénica.
Considerando el desarrollo neurológico, la relación que tiene la microbiota intestinal en el funcionamiento de nuestro cerebro y su comportamiento se basa en una comunicación a través de neurotransmisores provenientes del sistema inmune (citoquinas proinflamatorias), también del sistema nervioso periférico y del nervio vago (The Human Microbiome Project Consortium, 2020). Al mismo tiempo, el cerebro se comunica con el intestino por medio de hormonas como el cortisol. A estos sucesos de comunicación se les conoce como “eje cerebro-intestino-microbiota”. De esta manera se reconoce que el equilibrio de la microbiota es fundamental para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Existen factores que afectan el equilibrio, alteración denominada disbiosis, y provocan enfermedades; los principales se resumen en la Figura 2. Estas corresponden a base inmune, como alergias o inflamación intestinal; metabólicas, como la obesidad o la diabetes, y neurológicas y de comportamiento, como la ansiedad y la depresión (Wilson et al., 2020).
De esta manera se reconoce que el equilibrio de la microbiota es fundamental para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Existen factores que afectan el equilibrio, alteración denominada disbiosis, y provocan enfermedades; los principales se resumen en la Figura 2. Estas corresponden a base inmune, como alergias o inflamación intestinal; metabólicas, como la obesidad o la diabetes, y neurológicas y de comportamiento, como la ansiedad y la depresión (Wilson et al., 2020).

La dieta es el factor más importante en la microbiotaintestinal, como individuos pertenecientes a sociedades industrializadas llegamos a tener diferentes tipos de dieta como omnívora, vegetariana o vegana las cuales reflejan bacterias típicas metabolizadoras. En el caso de los veganos y vegetarianos predomina la bacteria metabolizadora de los polisacáridos llamada prevotelas. En el caso de los individuos omnívoros predominan bacteroides y enterobacterias que normalmente se encuentran en la proteína.
No es solo un tipo de alimento, sino tener una dieta balanceada (variedad, calidad y constancia) es lo que influye en la composición y estabilidad microbiana (Leeuwendaal, et al., 2022). Estudios indican que el tener cambios dietéticos puede provocar alteraciones detectables en pocos días en las poblaciones microbianas, o que demuestra la rapidez con la que la dieta puede influir en la microbiota (Figura 3).

Los alimentos fermentados pueden afectar la microbiota intestinal de una forma muy positiva y deben ser considerados un elemento importante en la dieta humana por sus microbios vivos (probióticos) (Sukmawati et al., 2021; Melini et al., 2023), como se resume en la Tabla 1.
Cuidar nuestra microbiota intestinal es, en realidad, cuidar de nosotros mismos. En cada uno de nosotros habita un pequeño universo de microorganismos que trabaja día y noche para mantenernos saludables, digerir los alimentos, fortalecer nuestras defensas y hasta influir en nuestro estado de ánimo. Este ecosistema invisible nos recuerda que no estamos solos, que somos el resultado de una convivencia milenaria entre el ser humano y su microbiota.

Mantener ese equilibrio depende, en gran medida, de nuestras decisiones diarias: lo que comemos, cómo vivimos y el respeto que tenemos hacia nuestro propio cuerpo. Una dieta variada, rica en frutas, verduras, legumbres y alimentos fermentados, puede marcar la diferencia entre un intestino en armonía y uno en conflicto.
En definitiva, reconocer el valor de nuestra microbiota es comprender que esos diminutos organismos no son simples acompañantes, sino un órgano vital que colabora activamente en nuestra salud y bienestar. Somos, en esencia, una alianza viva entre el cuerpo y sus microorganismos.
Palabras clave: microbiota, salud intestinal, dieta saludable
Autores
1Laura Victoria García Malacara: Tecnológico de Monterey, Av. Eduardo Monroy Cárdenas 2000, San Antonio Buenavista, 50110 Toluca de Lerdo, Méx. [email protected], https://orcid.org/0009-0003-5729-1304
2Alejandra Pérez Nava: Instituto de Química, Universidad Nacional Autónoma de México, Circuito Exterior, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, México. [email protected], https://orcid.org/0000-0003-4285-5763
3Bernardo A. Frontana Uribe: Instituto de Química, Universidad Nacional Autónoma de México, Circuito Exterior, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Ciudad de México, México. [email protected], https://orcid.org/0000-0003-3796-5933
Referencias
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Leeuwendaal, N. K., Stanton, C., O’toole, P. W., & Beresford, T. P. (2022). Fermented foods, health and the gut microbiome. Nutrients, 14(7), 1527. https://doi.org/10.3390/nu14071527
Melini, F., Melini, V., Luziatelli, F., & Ruzzi, M. (2023). Fermented Foods: Their Health-Promoting Components and the Potential Impact on Gut Microbiota. Fermentation, 9(2), 118. https://doi.org/10.3390/fermentation9020118
Peluzio, M. do C. G., Dias, M. de M. e., Martinez, J. A., & Milagro, F. I. (2021). Kefir and Intestinal Microbiota Modulation: Implications in Human Health. In Frontiers in Nutrition (Vol. 8). https://doi.org/10.3389/fnut.2021.638740
Sukmawati, E., Yuliana, N., & Salamah, A. (2021). Fermented Foods as Probiotics: A Review. Current Research in Nutrition and Food Science, 9(3), 858–867. https://doi.org/10.12944/CRNFSJ.9.3.20
The Human Microbiome Project Consortium. (2020). Diet and the Human Gut Microbiome: An International Review. Nutrients, 12(2), 511. https://doi.org/10.3390/nu12020511
Wilson, A. S., Koller, K. R., Ramaboli, M. C., Nesengani, L. T., Ocvirk, S., Chen, C., Flanagan, C. A., Sapp, F. R., Merritt, Z. T., Bhatti, F., Thomas, T. K., & O’Keefe, S. J. D. (2020). Diet and the Human Gut Microbiome: An International Review. Digestive diseases and sciences, 65(3), 723–740. https://doi.org/10.1007/s10620-020-06112-w
