Boris González Ceja

Fechas de recepción: 15-2-2026
Fechas de aceptación: 14-3-2026
Psicología/Epistemología social
Meparece quecuandointroduzco la división real-imaginario-simbólico nadie me atribuye tal propósito. Hoysetratadesaber,precisamente, quélepermiteaestesignificanteencarnarse.
J. Lacan, Seminario 10, La Angustia, Pág. 10
Introducción
Desde junio de 2008 a la fecha, las ideas sobre el tema han sido modificadas y mejoradas, y el presente texto ha recibido atención de las y los investigadores, una distinción que se merece en parte por sus puntos vulnerables.
En esta ocasión se realizan adecuaciones a estas últimas, buscando fortalecer el argumento donde la tesis se sostiene: la escritura es un arte que tiene un andamiaje significante.
La letra: relación entre literatura y psicoanálisis
El tema que se aborda en este texto ha sido revisado en muchas ocasiones dentro del psicoanálisis, teniendo como resultado una sensación de incompletud, algo que es inherente a los procesos de escritura.
El problema central es el del psicoanálisis y sus posibilidades de transmisión, con un punto de imposibilidad. ¿Cómo es que se puede transmitir lo que implica el trabajo de un análisis? Por el trabajo de la escritura. Y, más aún, por lo que la literatura nos enseña, al ser ella un saber donde se pone a prueba las condiciones de posibilidad de un acto como el psicoanalítico.
Psicoanálisis y literatura tienen relación en tanto son mediadoras y posibilitan un campo del saber, donde los procesos cognitivos tienen un sentido en la búsqueda de una verdad. Es por la letra que se causa un texto, son las marcas y sus repercusiones, sus secuelas, las causantes de que un escrito sea posible.
El psicoanálisis ha recorrido desde sus inicios a la literatura y el arte para tomarlos como ejemplos. A la literatura la toma como un documento que presenta una verdad. Hace uso de las letras para formar otra literatura.
La lectura que hacen los psicoanalistas de la literatura busca establecer una relación con sus experiencias clínicas, al menos desde la apuesta de Lacan: es para darle un tratamiento estructural en sus relaciones con la subjetividad, fundando mitos y estableciendo paradigmas para el entendimiento de la subjetividad humana. Entonces la obra literaria adquiere un sentido de modelo para armar.
Una de las técnicas para abordar el texto literario ha sido el recurso de la puntuación, del corte. La intención de hacer un corte, leer una marca, es para recomponer el texto, darle sentido y buscar que diga más de la verdad que lo sostiene. En algún punto, se trata de hacer una revisión de la maquinaria de lectura: dígase, por una parte, de lo simbólico.
Es en este punto donde la Letra, leída desde el psicoanálisis, cobra relevancia. ¿Por qué el cuestionamiento sobre la Letra? La letra es lo que queda, puro resto, lo muerto de las palabras.
Letra es lo que queda por ser leído, como al leerse un grafo, un sintagma o un código con su carga predefinida. La Letra, como el síntoma, no tiene en su esencia ser interpretable. Como en el caso de los niños que no conocen las letras, ellas existen a pesar de no tener un intérprete, y advienen con sentido cuando son simbolizadas, aprendidas y puestas en acto.
La propuesta que presenta el psicoanálisis para sus indagaciones clínicas y de transmisión son, desde Lacan, retomar a la Letra y al objeto a como correlativos en la operatividad del ejercicio de lectura al que se apunte: esto es, desde la clínica psicoanalítica, la Dirección de la Cura; desde la transmisión del psicoanálisis, sus relaciones con la Literatura.
Letra literal, literatura es un arte que emplea como medio de expresión una lengua, un medio para transmitir desde la escritura (RAE, 2026). La literatura esconde en su esencia el concepto de objeto a, que para Lacan (2005), tiene diversas relaciones con la Letra: “El objeto a no es ningún ser. El objeto a es lo que supone de vacío una demanda, la cual, sólo situada mediante la metonimia, esto es, la pura continuidad asegurada de comienzo a fin de la frase, permite imaginar lo que puede ser de un deseo del que ningún ser es soporte.” Como lo menciona el autor, cuando se habla de objeto a no se habla de una cosa, objeto tangible; se trata más bien de la inasibilidad en acto, de un objeto que se forma en la continuidad significante de las cosas de valor para el ser humano.
Así, el Deseo, como las palabras, no tienen un dueño, no pueden objetivarse tridimensionalmente, pero sí tienen existencia. La lengua, como el objeto a, no son propiedad de nada ni de nadie. Se encuentran ambas en la secuencia y los deslices del habla, y en el campo de la literatura, sobre todo en su sentido de incompletitud.
Dentro del registro de lo simbólico es que encontramos a la Letra como entidad funcional para el sujeto en análisis: la Letra que funda, que corta y que marca, esa sería, a partir del Seminario 10, el objeto a. Este a, objeto orientador en la clínica psicoanalítica, es un paradigma de la relación entre el psicoanálisis y la literatura, entendido el objeto (u objet petit a) como un concepto central del psicoanálisis lacaniano desarrollado en los años 60, definido no como un objeto físico, sino como el “objeto causa del deseo”.
El objeto a aparece en la segunda etapa de la enseñanza de Lacan, es decir, entre el Seminario X y XI, aunque no es excluyente su aparición tácita de la formalización antecedente y constitutiva de la misma; el objeto a acarrea consecuencias clínicas y políticas; da cuenta del despertar y del dormir, pues el resto del día es lo que causa el trabajo en la noche. Es causa y es motor del deseo, pues es la marca que nos permite un vacío por sí misma. Puede decirse que es lo no tramitado, el resto, lo que da para más; al objeto a lo ubicamos entre la necesidad y la demanda, por ser causa del deseo.
El objeto a: entre el arte y la clínica psicoanalítica
Después de ubicar esta relación entre psicoanálisis y literatura, o sea, tomando a la Letra como mediadora, avancemos a un terreno que es un poco inexplorado, que es el de las relaciones del objeto a con el arte.
Ya se ha mencionado sobre las particularidades del objeto a que nos permite hablar de su función de corte significante, de marca que no es sin objeto, aun cuando el mismo se representa así, en su función intrusa, que engaña y causa (Lacan, 2007).
Aparece en este recorrido el problema teórico y observable clínico de la falta. La función de la falta en psicoanálisis nos remite a la castración y que por tal el sujeto se puede decir deseante; por lo que le falta es que se constituye como un sujeto que desea. Entran en juego los dichos de los psicólogos a los padres que son sobreprotectores y que abandonan a sus hijos, donde ambos les causan igual daño por su falta.
El arte entra en una relación dialéctica con el psicoanálisis, puesto que, en su haber, aún en el plano de lo que se ignora, busca darle sentido por lo que le falta a su obra. Dentro de esta función de la falta en el arte se puede mencionar un cuento corto de Julio Cortázar, como paradigma para analizar en nuestra temática.
¿Quién no se ha despertado con una palabra intrusa, molesta, incesante que se repite a lo largo del día? ¿Es acaso la fuerza de la palabra, esa que no se nos va de la mente, aunque así lo quisiéramos, más fuerte que nuestra voluntad?
En Now shut up, you distasteful Adbekunkus, Cortázar (2007) propone hacer una revisión de la repetición de una palabra que se le viene a la mente de manera incesante y molesta: la palabra Adbekunkus. Narra todas las peripecias y sus particulares vivencias, espaciales y temporales, que sufrió mientras soportaba esa repetición hasta el cansancio.
Comienza en el cuento haciendo una crítica de la ciencia del alma (salud mental, le dicen los especialistas en la actualidad) en relación con la moral que impera en sus cuestionamientos y su posición de demandante para que esa palabra se fuera, y más aún, con la traducción de su molestia a otra dimensión idiomática: distasteful Adbekunkus.
A continuación, realiza un análisis de las posibles causas de esa compulsión a la repetición que se le presenta como un síntoma neurótico. Y casi al terminar su cuento escribe el psicólogo Julio Cortázar: “lo neurótico parecía precisamente estar en que la frase exigía silencio a algo, a alguien que era un perfecto vacío” (Cortázar, 2007).
Es justamente la función del vacío la que genera en la vida de las personas una posibilidad o un abismo, y en el campo de la neurosis genera una sensación que, al no saber convivir con ella, se vuelve una pesadilla.
Salta al lector especializado la remisión a la terminología científica y del psicoanálisis, pero, sobre todo, que nos permite pensar en que la literatura y el psicoanálisis forman enlaces muchas veces no sabidos, donde conceptos como el del vacío o lo vacuo hacen sentido.
Es la verdad y el saber, la búsqueda de un saber sobre la verdad del sujeto lo que nos pone en esa sintonía de análisis, literario y lacaniano.
Así, Cortázar nos remite a la función de la falta y la verdad que se desea poner como evidencia: “Cuántas veces un nombre asomando desde una distracción cualquiera termina por suscitar una imagen animal o humana; esta vez no, era necesario que Adbekunkus se callara, pero no se callaría jamás porque jamás había hablado o gritado. ¿Cómo luchar contra esa concreción de vacío? Me dormí un poco como él, hueco y ausente”.
El autor hace eco de las palabras para darle forma al silencio, al hueco y a la ausencia.
Sin embargo, más allá de la sorpresa a la que somos llevados, vale resaltar que, primero, la función de la falta con que nos deja este autor es causante de un deseo no posible de decir, pues causa a hablar; y segundo, desde el psicoanálisis, concebimos esta falta como estructural para el sujeto humano, pues se trata del complejo de castración freudiano.
Psicoanálisis y literatura tienden sus fronteras en los mares de la verdad. La búsqueda de una señal de Verdad, en ocasiones, tan ocasional como un análisis o un arte, produce un quiasmo. La señal que se manifiesta en multitud de ocasiones es el objeto causa del deseo, el que apresta a desear, es decir, el objeto a analítico.
El objeto a, dentro de la teoría analítica, mantiene esta caracterización de la función de la falta en la literatura: así pues, la función del objeto público o privado cobra su importancia, cuando estos objetos entran libremente en este campo donde no tienen nada que hacer, el de aquello que se comparte, cuando aparecen allí y se vuelven reconocibles, la angustia nos señala la particularidad de su estatuto (Lacan, 2007).
Se muestra que el estatuto de la falta tiene relación directa con la angustia en psicoanálisis.
Lo anterior es retomado en relación con la literatura: en ésta última adquiere sentido la falta en tanto posibilidad de arte por medio de la sublimación; en el psicoanálisis, se retoma a la falta en el discurso tartamudeante del analizante, en los lapsus o en sus baches lenguajeros; la función de la falta entra en análisis en tanto es interpretable, puesta en transferencia y usada como motor en la búsqueda del deseo perdido.
La falta en el arte es razón de su existir, ya que: ¿qué arte presume completud?
Conclusiones
Los recorridos que se plantean en psicoanálisis, por tratarse de sujetos-hablantes, no dejan de ser irresueltos en su esencia. Es, pues, por la muerte implícita en la Letra, que tenemos una causa para seguir siendo lectores y deseantes.
El arte entra en relación con el psicoanálisis por medio de la escritura, pues es la marca que separa lo sublime de lo terrenal, del trabajo de los dioses al trabajo de los humanos: las palabras arte y psicoanálisis se encuentran en relación ex-tima al compendiar Letra y vida, muerte y obra.
La escritura y el arte marcan una literatura esencial en la lengua materna, como la de Cortázar. Escritura que no por condensar un saber deja de tener relación con el psicoanálisis: la escritura es el corte que prevalece entre nuestros saberes. La lectura que se haga del arte o el análisis es la impronta por descubrir.
Se hace una revisión teórica dentro del psicoanálisis, por medio del objeto a, causa del deseo, pero también y más allá, la Letra. Pues hay algo en la letra que lleva a la fijeza de lo simbólico. El tratamiento que tomamos fue el de considerar al objeto a como resto, causa y motor en la obra freudiana: constancia de la muerte en la literatura y en psicoanálisis. Causa y resto, lo no tramitado. Objeto causa de deseo que parte de un resto entre necesidad y demanda. Por ello no todo puede ser dicho: y queda un resto.
El objeto a lo pensamos en el sentido que se le da al síntoma en psicoanálisis, y de regreso, a la literatura la pensamos como esa posibilidad ante lo imposible; no todo se puede decir, y por ello la literatura está más dentro del goce femenino, donde, ante la imposibilidad, las banderas de las palabras y el goce palabrero se despliegan; la Letra es lo que queda.
Arte, escritura y psicoanálisis tienen puentes innatos en tanto nacen por las palabras, por lo simbólico y por marcar su imposibilidad. Encuentran caminos que se bifurcan en el destino de sus saberes: el psicoanálisis es una práctica de la cura por medio de las palabras; el arte es una práctica que marca las palabras, sublima, troca sus metas con el fin de mostrar algo, aún en su ausencia de sentido.
La falta es una constante de la vida humana. Es por lo que falta que se constituyen espacios, se dividen palabras y se hacen discursos. En relación con el arte, el psicoanálisis está en deuda: lo que nos enseña el arte es que la muerte ronda en imágenes, en palabras y que construye castillos desde el simbolismo que lo sostiene. Por su lado, el arte está en deuda con el psicoanálisis, pues sólo por la premisa de la constitución de lo inefable, el objeto a, es que puede dar cuenta de su esencia.
El arte se retoma por medio de la escritura; la escritura fue el medio para articular al psicoanálisis con la literatura y el análisis, el arte y la escritura formaron una sensación de unión entre clínica psicoanalítica, la escritura y la lectura y el arte.
Palabras clave: Letra, objeto a, literatura, arte y escritura.
Agradecimientos
Se agradece a la Asociación Mexicana de Psicología y Desarrollo Comunitario por sus facilidades en la preparación de la investigación.
Autor
Boris González Ceja, psicólogo experto en salud mental, ganador del premio de ciencia 2022, otorgado por el Gobernador de Michoacán, secretario general de la Asociación Mexicana de Psicología y Desarrollo Comunitario. Estudiante del Doctorado en Educación por el IMCED.
Contacto: [email protected] y www.psicologiaydesarrollocomunitario.com
ORCID https://orcid.org/0000-0002-3361-2308
Referencias
CORTÁZAR, J. (2007). Now shut up, you distasteful Adbekunkus. En: Cuentos completos 3. Buenos Aires: Punto de lectura. Pág. 88.
FREUD, S. (1990) “Más allá del principio del placer”, En: Obras Completas, Tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu.
LACAN, J. (2005). “La dirección de la cura y los principios de su poder”, En: Escritos 2. México: Siglo veintiuno editores.
LACAN, J. (2007). El Seminario: Libro 10: La Angustia, Buenos Aires: Paidós. Págs. 101-103.
Real Academia Española (RAE) (2026). Literatura. https://dle.rae.es/literatura